El Juli cuatro orejas y un rabo en Murcia Un figura que ha hecho historia

 

Fue más allá de un rabo. No tiene premios lo que El Juli obró en La Condomina. Ni premios ni palabras: la tauromaquia tiene unos cánones que veces contadas se sobrepasan. Hoy El Juli ofreció una de esas tardes que aguantan en la retina de los aficionados de por vida. Y lo hizo siendo él mismo, sacando de su propio concepto el mejor Juli que ni aquel chavalín de Velilla que soñaba hace quince años con ser torero hubiera imaginado. El rabo y las cuatro orejas son, tan sólo, símbolo de lo irreal, porque lo verdaderamente cierto es que dio una dimensión histórica.

La faena al quinto de la tarde traspasó los cánones técnicos con que la tauromaquia sobrevive. Todo lo hizo con la lógica de las figuras históricas que saben que tienen delante de sí a uno de los animales de la temporada para hilvanarle una de las faenas de su carrera. Así lo hizo El Juli, plantándole cara a la propia ortodoxia y rompiéndose a torear según su propio instinto torero le pedía. No es que lo dominara en los compases finales de la faena. Es que ya lo traía de su mano desde su encuentro con la seda, pues lo enceló de tal forma en el hocico que hizo humillar lo inhumillable a un toro bravo. La faena fue un compendio de toda la tauromaquia que atesora el madrileño, llevando larguísimo al de Victoriano y rompiéndose por ambos pitones. Fue al natural, encajado y con detalles muy toreros después de cada tanda, donde El Juli fue de verdad El Juli. El espadazo, hasta la bola, logró llenar de pañuelos La Condomina y conseguir una meta más en esta temporada de ensueño para el madrileño.

En segundo lugar irrumpió un excelente toro de Victoriano del Río que ya de salida, y en el capote de Julián, humilló como un auténtico bravo. Todo lo hizo despacio El Julifrente al animal que tenía delante, pues su capacidad técnica le hizo presagiar las máximas virtudes que poseía el de Toros de Cortés. Lo fue mimando con la seda, y tras el tercio de varas y el despabilo que le produjeron las banderillas, López imprimió cadencia e un inicio muelteril que, además , tuvo jugo. Todo se lo hizo despacio y, sobre todo, larguísimo el madrileño al toro para hilvanarle series eternas, por ambos lados, en las que se conjugó su técnica insuperable y su dominio extremo en los último compases de la lidia. Julián rubricó con un espadazo su labor y las dos incontestables orejas cayeron en sus manos, paseadas entre el calor de la afición murciana en La Condomina.

Intentó imprimirle muchísimo temple Miguel Ángel Perera al tercero, un toro que echó el freno de mano de salida y con el que anduvo firme y solvente el extremeño. Fue derivando la condición del astado madrileño en mansedumbre que no dominó Perera, escuchando finalmente palmas entre el eco que la primero faena de El Juli había dejado en los tendidos. Una ovación escucho frente a un imposible cierraplaza que, además de flojo, fue un descastado que no quería pelea en ningún momento. Perera no dejó a un lado su capacidad dominadores intentó por  todos los medios imponerse al deVictoriano, pero a pesar del arrimón final y el ímpetu que derrochó no logró imponerse a los sinsabores del cierraplaza.

Finito de Córdoba no logró remontar la tarde tras ser abroncado Finito ante un primero al que le faltaba la fuerza y con el que abrevió. Sonaron dos avisos por su fallo a espadas y finalmente escuchó pitos. Tampoco anduvo especialmente fino con el parado cuarto, siendo de nuevo un toro desagradecido con el que escuchó división de opiniones el andaluz.

FICHA DEL FESTEJO Plaza de toros de La Condomina. Quinta de Feria. Más de media plaza. Seis toros de Victoriano del Río, desiguales de juego. Destacaron los excelentes segundo -premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre- y quinto. Juan Serrano “Finito de Córdoba”, bronca tras dos avisos y leves pitos. Julián López “El Juli”, dos orejas y dos orejas y rabo. Miguel Ángel Perera, palmas y ovación.

Fuente: SuerteMatador

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El Juli cuatro orejas y un rabo en Murcia
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El Juli cuatro orejas y un rabo en Murcia
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Hoy El Juli ofreció una de esas tardes que aguantan en la retina de los aficionados de por vida. Y lo hizo siendo él mismo, sacando de su propio concepto el mejor Juli que ni aquel chavalín de Velilla que soñaba hace quince años con ser torero hubiera imaginado.
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